DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 11 de Noviembre de 018
REFLEXIÓN
1.- Las lecturas de hoy nos presentan dos comportamientos que contrastan profundamente.
PRIMERO el Escriba.
Un hombre rico que pertenece al grupo de los poderosos de Israel y que se deja llevar por su vanidad y su deseo de que todos estén pendientes de él.
Lleva grandes y llamativos ropajes, gusta de ocupar los primeros puestos en las reuniones, los banquetes y la sinagoga; desea que le llamen maestro; y echa cantidad de dinero en el tesoro del Templo haciendo mucho ruido para demostrar que es rico, que es generoso y que así todos le tengan envidia.
Y todavía más: a cambio de promesa de muchas oraciones, se aprovecha de las viudas y los pobres, abusando de su autoridad y quedándose con su dinero.
SEGUNDO las dos pobres viudas que no tienen ni para comer (las viudas eran las personas más desamparadas porque no tenían ningún hombre que se preocupara de ellas ni nadie que las atendiera).
La de Sarepta que, ante la insistencia del profeta Elías, comparte con él todo lo que tiene confiando en la promesa de Dios que le transmite el profeta y comprueba que en su vida nunca le faltó el pan y el alimento.
La pobre viuda del evangelio que, de forma discreta, casi con vergüenza porque no puede más, deposita dos pequeñas monedas como limosna en el tesoro del Templo. No quiere presumir, no quiere que nadie la vea, pero todo lo que entrega es lo que tenía para vivir.
2.- Jesús critica duramente el comportamiento del escriba: su orgullo, su vanidad, sus deseos de presumir y aparentar, su abuso de las personas pobres, pero que nada de lo que hace es con buena intención, con limpieza de corazón, ni con generosidad.
Y sin embargo, alaba, valor el gesto y la generosidad de la pobre viuda. Da todo lo que tenía con humildad y sencillez, con el único deseo de agradar a Dios.
3.- ¿A quién nos parecemos nosotros? A veces nuestra actitud y comportamiento es la del Escriba: Deseamos presumir, llamar la atención, ser los mejores, los primeros, los protagonistas, los que ocupamos los primeros puestos. Y muchas veces también nos aprovechamos y abusamos de los demás con la intención de mandar y de que los demás vean que estamos por encima de todos.
Eso no es lo que quiere Jesús. Él no se fija en las apariencias y le da igual que presumamos y pretendamos que Dios nos admire. Jesús se fija en el corazón, en el amor con que hacemos las cosas, en nuestra generosidad, en nuestra buena intención y en el respeto con que tratamos a los demás.
Jesús quiere y espera que hagamos las cosas con humildad y con sencillez, y que en todo manifestemos la bondad que debe haber en nuestro corazón.
GUARDEMOS UN MOMENTO DE SILENCIO
++y pensemos si de verdad le gusta al Señor nuestra manera de ser y de comportarnos.

